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Mar, 03/09/2013 - 00:42 | etsamadrid
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Informe de Kenneth Frampton sobre la ETSAM

Presentación

Hasta 1848 no se crearía como institución independiente la Escuela Especial de Arquitectura de Madrid, la primera que funcionó en España, entendida aquella como Escuela de aplicación, que con una carrera de cuatro años de duración exigía previamente un ingreso y dos años en la llamada Escuela Preparatoria.

Esto permite comprender el importante espacio destinado a propuestas para la definición de dicho Plan, entonces en elaboración. El sentido del informe exigía igualmente la propuesta de medidas de mejora, dento de la perspectiva de una mejora de la calidad de la Universidad que contrataba al panel de expertos.

Informe de Kenneth Frampton sobre la ETSAM

La formación de arquitectos en España tal vez sea hoy día la mejor del mundo y mientras que esto obedece en parte a la forma en la que está organizada aquí la profesión y al extraordinario fomento de clientes españoles, también se debe con seguridad a la categoría de la enseñanza de la arquitectura en España. Si bien me consta que la enseñanza y práctica no son ni mucho menos lo mismo, ha habido en España una íntima correspondencia entre ambas

De la misma manera que los estudios de arquitectura en general necesitan una reestructuación para así ajustarlos a las necesidades del próximo siglo, creo que la Escuela Técnia Superior de Arquitecura de la Universidad Politécnica de Madrid necesita un cierto juicio crítico, a pesar de que su historial, hasta la fecha, ha sido excepcional, según el modelo internacional, y ha conseguido formar a un gran número de arquitectos de un nivel muy alto.

Por mi conocimiento de los titulados de la Escuela de Madrid, es decir, de aquellos que han llevado a cabo trabajos de post-grado bajo mi supervisión en la Universidad de Columbia, y como resultado de mi visita a la Escuela en 1993, y de mi entrevista con ciertos miembros del profesorado, he llegado a las siguientes conclusiones en lo que respecta a la reestructuración de la institución.

En el trascurso de mi visita se me informó que el número total de alumnos en la Escuela ascendía aproximadamente a unos 4.000, cifra inaceptable desde el punto de vista de la enseñanza de la arquitectura en América y en Gran Bretaña, aunque esta cantidad se da con frecuencia en Italia y Latinoamérica. El número total de alumnos debería reducirse al menos a la mitad.

Se me informa que muchos de los alumnos estudian la carrera con diferente provecho y que un buen número de ellos no tiene ninguna intención de ejercer finalmente la profesión.

La mayoría de los alumnos solían, en el pasado, tardar hasta 10 años en terminar la carrera y los nuevos planes de estudio tendrán una duración total de cinco años.

Según mi opinión la carrera se queda corta en un año, una distribución de dos ciclos de dos y cuatro años sería más racional y adecuada a los conocimientos que deben transmitirse a un arquitecto y también para permitir la maduración progresiva del alumno durante este período de tiempo.

Los contenidos del plan de estudios deberían reestructurarse según las siguientes directrices: un ciclo inicial de dos años de diplomatura seguido un ciclo de cuatro años con el que se obtendría el título de arquitecto superior.

El primer curso de este ciclo de diplomatura debería tener un doble propósito: dar una formación humanística amplia sobre la historia y teoría de la arquitectura, y proporcionar a los alumnos un cierto nivel de adiestramiento preliminar en el campo del diseño. Seguido de un curso de especialización que estaría abierto únicamente a los alumnos del primer curso de diplomatura o su equivalente en otra institución.

El lo posible se debería evitar todo solapamiento en el uso de las instalaciones comunes de la Escuela, dedicándose en particular a los cursos de especialización, en función de los cuales deberían fijarse los horarios. Sería conveniente, incluso, que los dos primeros cursos de diplomatura y los cuatro de especialización se aislaran físicamente.

La enseñanza en el 1. ciclo de 2 años, debería tener lugar en aulas de considerable tamaño y deberían buscar la formación en las destrezas básicas. El profesorado debiera tener, hasta donde la economía lo permita, dedicación a tiempo completo.

Los exámenes y la realización de un proyecto o bien uno o dos trabajos supervisados sería la evaluación mas adecuada para acceder al segundo ciclo.

Las prácticas dependen en grado sumo de la participación a tiempo parcial de importantes y reputados arquitectos radicados en la capital. Este sistema no está exento de ciertos abusos, pues los profesionales están demasiado ocupados para poder llevar a cabo una enseñanza eficaz.

Por esto, las prácticas de los dos primeros, años debieran ser impartidas por profesorado de dibujo a tiempo completo, o al menos que puedan dedicar dos o tres tardes, como mínimo, a la semana.

Los alumnos de los cursos superiores necesitan menos atención constante, en cuyo caso, se podría sacar más partido del profesorado de renombre a tiempo parcial. Sin embargo, en este caso, sería aconsejable que los profesionales avezados contaran con el apoyo de un sistema de ayudantías, recurriendo a los profesores más jóvenes o a estudiantes avanzados de los cursos de especialización y postgrado.

Es obvio que bien debido a la tradición de la Escuela, al riguroso plan de estudios, o al nivel excepcional de los profesores, los alumnos de esta Escuela continúan realizando diseños de una calidad incomparable. De tal manera que algunas de las mejores tesis presentadas para la obtención de título tienen tal nivel arquitectónico y técnico que simplemente con el material técnico y artístico que ofrecen se podría construir un edificio.

Sin embargo no todas las tesis calificadas como aptas ofrecen esa misma calidad, algunos trabajos aprobados tienen un nivel inferior al de otros dirigidos por otros tutores y considerados no aptos.

Durante mi visita he notado que los criterios de selección corren a cargo de un comité examinador formado ad hoc integrado por profesores dispuestos a discutir el caso defendiendo a unos alumnos frente a otros. Este sistema tiene visos de ser incontrolable e incluso perjudicial, especialmente cuando se hace evidente que algunos profesores gozan de mayor prestigio que otros por su reputación de arquitectos fuera de la Escuela.

Este hecho puede estar de acuerdo con la categoría de los arquitectos en cuestión, pero es injusto para aquellos alumnos que casualmente se han encontrado dirigidos por profesores de menos renombre y con menos poder dentro de la jerarquía de la Escuela, puesto que los argumentos a su favor que pueda esgrimir un profesor joven no tienen el suficiente peso para el comité examinador.

A pesar de que en la Escuela se realizan estudios de doctorado que en algunos casos desembocan en la concesión del grado de doctor, he observado que no existe un programa de doctorado que esté estructurado al detalle.

Creo que los aspirantes al grado de doctor e incluso al segundo ciclo de la carrera, deberían recibir algún tipo de formación filosófica ya que están llamados cada vez más a intervenir en debates sobre los valores de la sociedad contemporánea.

La biblioteca de la Escuela T.S. de Arquitectura debería ser, en teoría, uno de los bienes académicos más importantes de la Escuela. Sin embargo, según el estado en que se encuentra parece que no goza del mantenimiento apropiado, su organización no es la más adecuada y está económicamente desatendida.

La Escuela ofrece unos medios fotográficos deficientes y la institución necesita con urgencia material de fotocopiado en general, si contar el aprovisionamiento de cámaras oscuras, etc. Se debería hacer igualmente un esfuerzo por incluir equipos de vídeo entre los habituales recursos didácticos. He podido apreciar que la Escuela carece de talleres adecuadamente equipados con herramientas de pequeña maquinaria y medios de vaciado y soldadura que le permitan mantener un alto nivel de productividad. Esta carencia debería subsanarse lo antes posible.

Por último quiero destacar que aunque hay muchos profesores competentes y trabajadores, la mayoría consideran la Escuela como un medio que Bordieu denominaría de acumulación de capital simbólico.. Los intereses del alumnado están subordinados a los del profesorado y los intereses del resto de la sociedad pertenecen sencillamente a otro mundo.